miércoles, 2 de mayo de 2007

Pueblos Prehispánicos de Chile Siglo XVI

CULTURAS PREHISPÁNICAS DE CHILE SIGLO XVI


I) AGROALFAREROS DEL NORTE

Kero o Vaso policromo de la cultura atacameña
Talbleta de Rapé
Servía para aspirar alucinógeno
Peinetas hechas de madera y algodón, pertenecientes a la cultura San Pedro
Gorro de cuatro puntas
Influencia de Tiahuanaco

LOS ATACAMEÑOS

En el desierto de Atacama, desde el río Loa hasta Copiapó, se desarrolló un proceso cultural de gran importancia. A unos diez kilómetros al noreste de San Pedro de Atacama, se han encontrado vestigios de civilización humana de una antigüedad que fluctúa entre los 12 mil y los 10 mil años, existiendo allí testimonios arqueológicos, como cuchillos y puntas de proyectiles.
El período agro-alfarero de la cultura atacameña distingue tres momentos:
a) El primero de ellos se sitúa entre los años 400 y 900 de la era cristiana, y se caracteriza por una alfarería roja pulida, por cántaros antropomorfos (con formas de hombre) y el uso de adornos y vasos de oro.
b) El segundo, entre los años 900 y 1.200 de nuestra era, muestra el empleo de una alfarería negra pulida, la influencia de la cultura peruana Tiahuanaco o Tiwanaku, el empleo de las tabletas para aspirar alucinógenos, con figuras esculpidas de hombres, cóndores y felinos, y el uso del tembetá o adorno labial.
c) El tercer período, comprendido entre los años 1.200 y 1.500, recibe la influencia de la civilización incaica y deja como exponente la construcción de fortalezas o pukarás de piedra rodeadas de murallas con angostas calles y apretadas habitaciones.
La decoración de su alfarería y los dibujos de los petroglifos confirman que los atacameños poseían una cultura con una elevada sensibilidad estética.
El pueblo de los atacameños utilizó importantes técnicas para el desarrollo agrícola, destacándose el regadío artificial mediante un sistema de canales que suplían la falta de lluvias, y las terrazas o andenes que permitían un óptimo aprovechamiento del agua. Cultivaron el maíz, la papa, los frijoles, la calabaza y una especie de tabaco. En la ganadería, domesticaron a la llama y la alpaca, para utilizarlas en la producción de lana y como medio de transporte. La llama, como animal de carga, les permitió hacer largos viajes, para cambiar productos como pescado, guano y hojas de coca.
Aunque se sabe muy poco respecto de su espiritualidad, se piensa que fueron creyentes en una vida futura, debido a la manera en como disponían los entierros con armas, vestidos y objetos de uso cotidiano.
Tenían un idioma propio llamado kunza, del cual hoy apenas subsisten palabras aisladas.
Entre los pueblos prehispánicos que prosperan en Chile se destacan por el brillo de su cultura los Atacameños. Habitaron los valles de las cordilleras de Tarapacá y Antofagasta, la Puna de Atacama y las actuales provincias argentinas limítrofes. De su lengua el kunza, apenas subsisten palabras aisladas. Los atacameños vivían en un medio hostil, por la escasez tanto de tierra cultivable como de agua, sin embargo, fueron agricultores, aunque también practicaron la pesca y la caza con boleadoras. Y no fueron agricultores corrientes, sino de técnica y eficiencia muy elevada en donde se cultivaba esencialmente maíz, quinoa, zapallos, calabazas, porotos, y ají. Para estas labores de la tierra empleaban cuchillos y palos aguzados, éstos a veces, tenían en el extremo inferior una hoja ancha y delgada de piedra. Las siembras eran realizadas en las partes bajas de los Valles y quebradas. Debido a la escasez de éstas, tuvieron que utilizar las laderas de quebradas y cerros, construyeron andenes o terrazas cuyos muros de contención eran hechos de pircas en piedras. Complicadas redes de canales, alimentados por estanques artificiales, aseguraban la irrigación de los andenes. Hay algunos inventos agrícolas que parecen haber sido usados sólo por ellos, como el cultivo en canchones, es decir, tierras cavadas bajo la capa salina del desierto y humedecida por aguas subterráneas. En cuanto a los animales que habían domesticado podemos mencionar el cuy y algunas aves: gansos, caiquenes, gallinetas y gallinas. El ganado pastaba durante el verano en los pastizales naturales que crecían en las vegas cordilleranas. En invierno eran conducidos hacia las quebradas costeras o de alta cordillera donde pequeños embalses, aseguraban la fertilidad de los bofedales. Durante la noche los encerraban en corrales, de donde recogían el guano para utilizarlo como fertilizante o combustible. Los atacameños vestían ropas tejidas con lanas de llamas. Normalmente lo hacían en el color natural de éstas, pero también los teñían en colores rojo, azul, verde y amarillo, con los cuales intercambiaban en la trama del tejido, líneas y otros adornos o signos. Su cerámica, de fines religioso - ceremoniales fue también sobresaliente, era negra y roja, pulida o grabada con motivos antropomorfos y geométricos. Tuvieron otras múltiples artesanías de distintos materiales: lana, algodón, totora, cuero, hueso, piedra y hasta pelo humano. Especialmente hermoso fue su trabajo de la madera, como tabletas y tubos para aspirar rapé. Trabajaban los metales: cobre, estaño, bronce, plata y oro. Los fundían en hornos localizados en sitios altos donde el viento atizaba el fuego. Se les conoce como huairas. El metal fundido lo moldeaban en crisoles de piedra o cerámica. De bronce fabricaban cinceles para trabajar las piedras, pinzas depilatorias, hachas, azuelas, cuchillos, cuchillos de forma semi lunar para cortar cueros, cencerros, etc. de cobre, bronce y oro confeccionaban adornos personales: discos, placas que se sellaban sobre el pecho, alfileres o tupus, con los cuales los vestidos, anillos, aros y brazaletes, vasos y otros objetos cuyo uso estaba permitido sólo a los jefes o señores. Una actividad atacameña de mayor interés es la actividad comercial, tanto entre sí, en el intercambio entre la costa y el interior, como con los diaguitas al sur, y los indígenas del Perú, al Norte. Semejante intercambio significaba que los caracteres culturales de los atacameños se difundieron a los pueblos vecinos y que los propios absorbieron rasgos culturales ajenos. Los atacameños vivían en pequeños y aislados villorrios de piedra, sus casas eran de piedras, con una puerta y una pequeña ventana. El techo plano de fibras y barro, era colocado sobre vigas de algarrobo o cactus. Poseían una sola pieza donde se cocinaba, comía y dormía. Se tapaba con mantas o frazadas le lana. Los pueblos en su gran mayoría estaban protegidos por murallas circundantes y pucarás o fortalezas pequeñas, cuya misión era guarecer a la población durante los ataques. Por la forma de sus entierros podemos inferir que poseían una creencia en al vida futura, y que el funeral entre ellos un rito importante. Los cementerios nos permiten saber cómo vestían La unidad básica de la estructura social atacameña era el ayllu o grupos de familias unidas por lazos de parentesco consanguíneo. El ayllu era propietario de las tierras y su jefe las repartía entre las diversas familias que lo integraban; de acuerdo al número de sus componentes. Los adultos recibían el doble de los niños. Al parecer el ayllu era, también el dueño, de las tierras de pastoreo y de las cabezas de ganado, asignando a cada familia cierta cantidad de ellas para satisfacer sus necesidades de lana y transporte. Rara vez lo animales eran beneficiados para comerlos. Obtenían carne de la caza de guanacos y aves. Las tierras agrícolas eran trabajadas por hombres y mujeres. A los primeros, correspondía prepararlas y ellas las sembraban, regaban y recogían los frutos. Los niños se encargaban de ahuyentar a los pájaros y pastorear los rebaños. Varios ayllus, a su vez, componían un señorío que ejercía dominio sobre una extensa área irrigada, a la cual defendían celosamente de los otros señoríos. Probablemente a esa misma escasez de tierras cultivables se daba la necesidad de levantar pucarás y murallas alrededor de las ciudades. Los atacameños conformaron varios “señoríos” cuyos principales centros debieron ubicarse en las orillas del río Loa como San Pedro de Atacama, Chiu- Chiu y Lasana; en las quebradas del interior; Ayquina, Caspana, Toconao, Ollague; Turi en al vega del mismo nombre; Toconao y Peine en el margen occidental del Salar de Atacama. Ellos, al igual que los de Arica, caerían bajo del dominio Inca.
LOS DIAGUITAS

Esta Cultura surgió al final del primer milenio de nuestra era, una de las más conocidas de nuestro territorio norte.
Los diaguitas se extendieron en una vasta extensión territorial, dejando muchos testimonios de su presencia, particularmente en el valle de Elqui. Su organización era más compleja y se caracterizó por sus aldeas esencialmente agrícolas y la gran unidad étnica y cultural.
En nuestros días los diaguitas son reconocidos, fundamentalmente, por su alfarería de formas variadas (jarros zapatos y patos), y los platos de paredes, decorados con franjas geométricas de colores contrastantes: blanco, negro y rojo.
En su tiempo fueron grandes trabajadores del cobre, metal con el que hicieron adornos, pero también cuchillos, cinceles y anzuelos.
Otro material que utilizaron para sus instrumentos, fue el hueso, con el que confeccionaron espátulas decoradas con diseños zoomorfos (forma de animales) y antropomorfos (formas humanas).

Jarro-pato
Jarro-zapato
Puko o escudilla
Jarro zoomorfo


Los diaguitas utilizaron la piedra, no sólo para fabricar los típicos instrumentos de pesca y caza -puntas de proyectiles, cuchillos, raspadores- sino también para fabricar figurillas con forma humana o animal, puliendo la roca.
La cestería fue otra de las artes que desarrollaron los diaguitas con gran maestría, así como también la fabricación de textiles, algunos de los cuales, admirablemente decorados, pueden apreciarse en representaciones de algunas cerámicas.
Para esta cultura, como para la de todos los pueblos precolombinos, la muerte tenía un significado que demandaba un ritual especial. Sus tumbas, extendidas en el suelo, consistían en un rectángulo de rocas que rodeaba el cuerpo y, muchas veces, eran cubiertos por lajas que, a veces, formaban verdaderas criptas.
La sociedad diaguita tenía avanzados conocimientos agrícolas y los practicaban para su subsistencia, así como también la ganadería y la explotación de los recursos marinos, particularmente mariscos y pescados.
Con la invasión de los incas, que se produjo hacia 1.470, la cultura diaguita fue muy influenciada, particularmente en su cerámica y metalurgia. La mezcla cultural (proceso conocido como transculturación) terminó por producir un quiebre y finalmente su desaparición cuando llegaron los conquistadores europeos.
Su lengua se encuentra totalmente extinguida. La mayoría de los investigadores la asocian al kakán, lengua proveniente del noroeste de Argentina.

v La toponimia da cuenta de pocos vocablos diaguitas, de los que se rescatan:
Antofagasta AtacamaChalingasta CalamaElqui ToconaoSotaquí Combarbal
v También algunos apellidos de origen diaguita son:
Alballay TalinayCampillay ChavilcaSapiaín Tamango
v Entre los nombres de plantas, encontramos:
Chañar Chilca Gualtata YalipalquiPalqui.

Palo de Agua
En el aspecto musical, se asocia el llamado palo de agua, al mundo cultural diaguita. Se trata de un trozo de tronco de cacto, que en su interior contiene trozos pequeños del mismo cacto y semillas. Al inclinarse, estos se deslizan en su interior por gravedad, produciendo un sonido similar al correr del agua.

II) AGRICULTORES DE LA ZONA CENTRAL Y SUR

PICUNCHES (Gente del Norte)
Son grupos de mapuches que ocupaban la zona comprendida entre los ríos Aconcagua e Itata. Entre los mapuches, fueron indígenas que alcanzaron un mayor desarrollo cultural. Debido a la influencia que recibieron de las tribus del Norte. Vivían en pequeños caseríos y tenían como jefe de la comunidad a un cacique Cultivaban maíz, porotos, teca, calabazas, ají, quinoa, oca, maní y papa

Mujer Picunche Rugendas)
Cacique Picunche (Rugendas)
Indios Huilliches (1861) Imagen de habitantes de la Araucanía conocidos por Domeyko. Fotografía tomada por don Paul Treutler.
Los picunches, al igual que el resto de los mapuches agricultores, carecían de aldeas. Las chozas o rucas, construidas con ramas, afirmadas en palos y techo de juncos, en grupos de o más de doce, cobijaban al núcleo familiar que, también disponía de tierras agrícolas en común. En el interior no había muebles, cada persona dormía en el suelo, tendida sobre pieles y tapada con frazadas de lana. La mujer cocinaba sobre un fuego para ella y sus hijos. Pequeños rebaños de llamas pastaban en los cerros vecinos a los campos de cultivo. Sólo en las grandes ceremonias las mataban para comer su carne y utilizar las pieles. Normalmente las aprovechaban para obtener lana con la cual tejían sus vestidos, ponchos y frazadas. Los españoles las llamaron “chilli-hueque” u “ovejas de la tierra”. Los picunches eran polígamos. El hombre podía tener la cantidad de mujeres que deseara, siempre que pudiera comprarlas. La compra de la novia tiene una razón económica. Las mujeres cultivaban la tierra, tejían y preparaban los alimentos. Para el padre, entonces, entregan una hija en matrimonio significaba disminuir la superficie de tierra cultivada y disponer de menos mantas, que se empleaban como medio de intercambio. El novio debía, pues, compensarlo por dichas pérdidas, dándole a cambio, llamas, frazadas, o ponchos, cuya cantidad era convenida en forma previa al matrimonio. Los recién casados debían habilitar su propia ruca. Esta era levantada por parientes y amigos sistema llamado mingaco a quienes en retribución, se alimentaba y festejaba con chicha de maíz. A medida que se avanzaba hacia el sur las costumbres agrícolas de los picunches iban variando la mayor cantidad de lluvias, distribuidas a lo largo del año, hacían innecesaria la irrigación. Practicaban entonces, el sistema agrícola de la roza, que consistía en derribar árboles para abrir claros en los bosques, quemar las ramas y, sobre las cenizas que servían de abono, tirar las semillas. Los picunches no debieron ser muy numerosos ya que prácticamente desaparecieron de la zona central en los primeros años de la conquista española. Muchos fueron al sur del río Bíobío, verdadera frontera entre cristianos y mapuches hasta bien entrado el siglo XIX. Allí se mezclaron con los araucanos.

LOS MAPUCHES (Araucanos) Los mapuches (araucanos) se localizaban entre los ríos Itata y Toltén. Hablaban mapuche y compartían muchos de los elementos culturales con picunches y huilliches. El aspecto general del araucano está determinado por su robustez y fuerza de carácter, cualidades que amalgaman la psicología más viril y de mayor energía vital entre las razas del continente americano. La lengua mapuche se caracteriza por su notable estabilidad fonética y por su estructura sencilla y de fácil análisis. Como es natural, hay pocos sustantivos y casi carece de vocabulario que no exprese ideas concretas. Las vocales claras y hasta cierto punto numerosas, están bien distribuidas entre las consonantes, lo que hace de él un idioma armonioso y sonoro. El territorio estaba dividido en tres: lavquenmapu, Lelvunmapu e Inapire-mapu correspondiendo a la costa, llanura central y precordillera respectivamente. Es como decir, en nuestro idioma la “Tierra de la Costa”, “La tierra de los Llanos”, “La Tierra Andina”. La división alude, por supuesto, a los grandes sistemas ecológicos con que los mapuches percibían a su territorio. El Lovche es la unidad familiar básica, organización de tipo patriarcal, que antes de la llegada de los españoles constituía un hogar polígramo, vale decir, un hombre con varias mujeres como esposas, conviviendo y trabajando un mismo territorio. Se puede decir que practican la agricultura, completando la dieta alimenticia con la caza y recolección. Además han desarrollado la ganadería adicionalmente. Así las familias forman pequeñas agrupaciones- comunidades- dispersas en el hábitat boscoso. El levo regue es la agrupación de lóvches ( o lov), de un mismo linaje, que ocupan un territorio en común. A éste nivel de organización social y división territorial los españoles le llamaron parcialidad, en el sentido que el conjunto de individuos son entre sí parientes o emparentados. El ayllarehue - reunión de “nueve rehues” es el nivel de la organización social inmediatamente superior y correspondería a la noción que tenemos nosotros de una pequeña provincia. En todo el sistema ejercen el poder los lonkos o jefes Los butalmapus, o grandes territorios unidos tienen como base la división ecológica prehispánica, pero su integración se logró, aparentemente después de la llegada de los españoles y por la apremiante necesidad de defender política y militarmente al territorio araucano, alcanzan su máximo esplendor y poderío en el siglo XVIII, el siglo de parlamentos, donde los mapuches araucanos discuten de igual a igual con los españoles.

Mapuches
Rehue
Clava
Lonko
Las ideas religiosas eran bastante confusas tenían templos o adoratorios especiales ni representantes a sus dioses en ídolos. Creían en un Dios Superior, el Pillán, fundador de la raza araucana. A su vez cada familia tenía su propio pill´n que estaba representado por el primer antepasado a quien imaginaban como un hombre o una mujer, joven o viejo, que podía presentarse bajo diversos aspectos. El pillán moraba en los volcanes y manejaba a su voluntad las fuerzas de la naturaleza. Junto a él vivían los pillanes o espíritus de los antepasados de cada familia, que eran dioses protectores de sus descendientes. Cuando una persona moría, su espíritu también iba a vivir entre los volcanes. Todos los pillanes seguían atentamente los sucesos de cada familia y si ellas entraban en lucha ellos también lo hacían. Los araucanos creían que los rayos y relámpagos eran el reflejo de la lucha entre los pillanes que coincidia con la guerra que mantenían las familias en la tierra. Al pillán principal que luego le fue denominado ngenchén, se le hacían rogativas, las que llevaban el nombre de ngillalún. Existían también espíritus malignos. Los huecuves, que eran los causantes de todos los males y enfermedades sufridos por los hombres. Creían en el alhue o ánima de los muertos, cuya vida era muy relativa, ya que desaparecía cuando el cadáver se descomponía. La Machi, curandera de males, ocupaba un lugar de gran importancia entre los araucanos. Eran las encargadas de contrarrestar los efectos de los espíritus malignos o huecuves. La machi era generalmente una mujer, aunque también ejercían ese oficio algunos hombres que se vestían de mujer. La misión principal de la machi era sanar a los enfermos; cuyo malestar atribuía a un espíritu maligno. Para poder cumplir con su tarea tenía que estar en contacto con el mundo sobrenatural y averiguar la causa del mal. Una vez logrado esto se procedía a la ceremonia de curación que se denominaba machitún.
Si después de esta ceremonia el enfermo no sanaba; la machi culpaba de ello a alguna persona; lo que originaba guerras de venganza entre las distintas familias. Este hecho hacíalas muy temibles. La ruca de la machi se encontraba en lugares apartados. Su símbolo era el rehue o tronco en el que se había tallado peldaños. La forma más honrosa de morir, según los araucanos, era en la guerra, pues la muerte natural estaba reservada a las mujeres. Los araucanos fueron un pueble agricultor. El maíz, la papa que es autóctona de nuestro territorio, el frejol, la quínoa, la calabaza, el ají eran sus cultivos más socorridos. También tenían abundantemente ganado de llamas - de las cuales aprovechaban sobre todo la lana y la carne - y otros animales domésticos, incluso perros, estos servían de alimento. Las costumbres matrimoniales eran semejantes a las de los picunches cuando se había llegado a acuerdo por la compensación de la novia, el futuro esposo, acompañado de sus parientes más cercanos, asaltaba la casa d e la novia para raptarla, originándose así, una lucha entre las familias, al término de la cual se celebraba la fiesta. Cada hombre podía tener tantas mujeres como lo permitiese su riqueza. A la muerte del padre, el hijo mayor heredaba sus esposas, con excepción de la madre. Los niños eran educados al aire libre. Se procuraba desarrollar la fuerza en los varones, a fin de que fuesen buenos guerreros. De las niñas esperaban que diesen a luz hijos sanos y vigorosos. La guerra era la principal tarea masculina. Las mujeres realizaban las labores domésticas. Se preocupaban de los cultivos y tejían. Cuando debían enfrentarse a un enemigo foráneo solían agruparse eligiendo un jefe que los comandase, el toqui, quién mantenía ese cargo hasta que se lograba la victoria o se acordaba la paz. Peleaban con gran ardor, lanzando gritos e insultos al enemigo. Solían vocear sus nombres indicando al mismo tiempo las hazañas que les habían dado fama. A los vencidos en ocasiones se les aplicaba una muerte ritual, a los buenos guerreros se les sacaba el corazón y lo comían en pedazos pequeños, en ceremoniales religiosas. La paz se celebraba en una reunión donde, tras largos discursos, los bandos enterraban sus armas y plantaban un canelo. La chueca y la pelota fueron los principales juegos de habilidad practicados por los mapuches. La chueca era una competencia en que dos bandos de hasta veinte individuos por lado se disputaban la conducción de una pelota de madera al campo contrario, impulsándola con un palo arqueado de coigüe. La cancha tenía 5 metros de ancho por dos cuadras de largo. El juego de pelota consistía en el lanzamiento de una bola de madera esponjosa, como el corcho procurando herir a los bandos contrarios. La habilidad principal estriba en esquivar el golpe sin perder el puesto. Los araucanos eran eximios oradores y recitadores, cualidades que demostraban en las numerosas reuniones y fiestas que celebraban. En ellas se consumía bastante chicha de maíz y alimentos. La chicha era preparada por mujeres, quienes mascaban los granos y luego arrojaban a grandes recipientes. La saliva actuaba como fermentante. Cantos y danzas amenizaban dichas reuniones.
LOS HUILLICHES (Gente del Sur)
Tenían el mismo origen que los picunches conformando antiguas cinías mapuches, con un modo de vida agrícola. El padre Alonso de Valle refiriéndose a ellos, en la Histórica Relación del Reino de Chile, escribió: “son gente apacible, de notable condición y muy amorosos y no tan guerreros como los araucanos y en esta opinión están tenidos y reputados”. Vivían más abajo que los araucanos y su lengua presentaba diferencias dialectales con la de aquellos
Huilliche, quiere decir “Gente del Sur”. Ellos poblaron la depresión intermedia desde el río Toltén hasta el Seno de Reloncaví. La zona específica de éste asentamiento indígena fue Osorno, Llanquihue y Valdivia. A la llegada de los españoles el territorio se vio considerablemente reducido.
Este grupo étnico se parecía mucho a sus vecinos Mapuche y Picunche. Sin embargo, junto a los últimos tenían un gran desarrollo cultural.
Los Huilliche tenían una lengua similar a la de los Mapuche, teniendo sólo algunas variaciones dialécticas. Se llamaba Ste Sungun.
La Gente del Sur no se caracterizó por su habilidad guerrera y su población siempre fue más pequeña que las de los Araucanos. Una de sus grandes virtudes fue la variedad de cultivos que fueron capaces de producir, entre ellos el maíz y la papa.
Dentro de sus actividades económicas sobresale la ganadería: la crianza de guanacos y huemules los abastecía de carne, piel y lana para sus tejidos.
Se organizaban en levo o tribus, sin tener un jefe central. Su estructura es patrilineal.
Las viviendas semejantes a las rucas las confeccionaban de varas cubiertas con ramas. La duración de ellas era entre 10 y 12 años.
La presencia en la Isla de Chiloé les permitió desarrollar la pesca en embarcaciones como las dalcas o piraguas, hechas de tablas y cortezas. Lanzaban desde las dalcas 12 redes con las que pescaban mariscos. Es en Quellón donde se presentaba la mayor población Huilliche.
Su alimento principal era el maíz y el poroto, animales y pescados.
La religión se hace presente en la comunidad indígena Huilliche. Son muchas sus creencias, manifestaciones, cuentos y leyendas de éste pueblo. Para ellos Chaotroquin creó al Huilliche. Otras ideas dicen que los hombres brotaron de la tierra.


LOS CUNCOS
Vivieron en zonas costeras ubicadas entre el Río Bueno y el Canal de Chacao , aun cuando practicaron intensamente la agricultura ; de ella obtenían papas , maíz, quínoa. También se sabe que tempranamente habían domesticado al perro .Eran hábiles mariscadores y su dieta alimenticia correspondía a una combinación de productos agrícolas, mariscos y algas. Poco antes de la llegada de los españoles abandonaron la región Continental y pasaron a radicarse en la zona norte de la Isla Chiloé.
Hacia 1535, su número aproximado de habitantes ha sido calculado en 100 000 individuos, distribuidos en la zona de Maullín, Chiloé e islas aledañas. Al igual que los Huilliche, Mapuche y Picunche hablaban mapudungun
El hábitat insular de los cuncos, representada por numerosas caletas y puertos litorales, incentivó el desarrollo de la pesca y recolección litoral, donde la caza del lobo de mar reviste gran importancia. La zona del Golfo de Reloncaví constituyó, junto a las numerosas islas adyacentes, el establecimiento más numeroso del indígena local, por cuanto las condiciones del medio permitieron la práctica de una economía mixta, basada en la agricultura y ganadería junto a la pesca y recolección marina.
La recolección terrestre queda limitada a plantas y frutos silvestres y algunos hongos que crecen en los árboles. La caza del pudú y zorro pequeño, constituyeron los mamíferos de fácil captura.
Su establecimiento y modo de vida se ha definido como semi-nómade, por cuanto pasaban largas temporadas en sus embarcaciones, denominadas dalcas (dalcahue), dedicados a la pesca y caza, alcanzando islas muy lejanas donde también cultivaron la papa. No tuvieron pueblos organizados y su población estuvo repartida por todas las islas.
Según referencias históricas, una importante fuente de alimentación la constituyó el "curanto", herencia que se mantiene hasta hoy en día en el acervo cultural chilote. Este consistía en cocer una gran cantidad de mariscos, carnes, verduras y papas, en un hoyo al que agregaban piedras muy calientes. Para su cocimiento lo tapaban con ramas hojas y tierra. Indiscutiblemente la recolección de mariscos era una tarea diaria aún para mujeres y niños. De hecho se sintieron más apegados al ecosistema marino y litoral, que a las actividades de la tierra.

Dalca

III) LOS NÓMADES DEL MAR

LOS CHANGOS
En la costa norte desde Aconcagua, hasta el Loa prosperó una raza de pescadores: la de los Changos, los cuales eran anchos de espalda con una estatura media que oscilaba alrededor de 1,60 Mts. en los hombres y 1,45 Mts., en las mujeres. Dormían en toldos de cuero de lobo, sostenidos por troncos de quiscos o costillas de ballenas y fabricaban embarcaciones con cueros de lobo marino inflados.
Para confeccionar una de estas embarcaciones se requerían los cueros de cuatro lobos machos. Se les ponía en agua dulce para ablandarlos, luego los cortaban y cosían con intestinos de los propios animales, en forma de bolsones; en una de las puntas se introducía un tubo de caña por el cual se soplaba para inflar el bolsón. Una vez lleno de aire se retiraba; el agujero se cosía, y las costuras eran cubiertas con mezclas de aceite y grasa de lobo de mar, quedando así, selladas e impermeabilizadas. Con dos de esos bolsones se hacía la balsa. Los extremos eran amarrando con sogas y en la parte central se colocaba un tablado, atado a ambos bolsones, donde se sentaba el navegante. Con estas embarcaciones, frágiles en apariencia, los changos podían pasar días en el mar. Incluso navegar hacia el sur. Algunos fueron vistos hasta en la desembocadura del río Maule, en épocas históricas tardías.
Embarcación de los changos
Los changos se desplazaban por las caletas del Norte, buscando mariscos en las rocas y aventurándose en el mar para pescar. Cazaban incluso, lobos de mar valiéndose de arpones, también utilizaban para la pesca redes hechas con intestinos de lobos marinos o fibra de totora trenzada. Su constante deambular por las costas del Norte los llevó a no sobrepasar en grupos la docena de familias, lo cual se deduce que no sobrepasaron el nivel de bandas, teniendo como núcleo básico la familia.

LOS CHONOS
Este pueblo se mezcla con Cuncos, imponiendo su carácter de pueblo marítimo; practicaban la pesca y también la cacería de lobos marinos para lo que utilizaban las embarcaciones construidas por ellos llamadas dalcas que eran tres tablones que habían sido curvadas con agua y con fuego y que estaban cocidas entre si mediante fibras vegetales habitaron entre los 43 y 48 grados de latitud sur; es decir, ocuparon parte del sur austral, incluyendo los actuales archipiélagos de Chonos y los Guaitecas aventurándose a navegar peligrosamente por los canales y por el tempestuoso Golfo de Penas.
Pescador chono y su mujer
Es interesante señalar la presencia de algunos elementos marítimos de aparente origen polinésico, como el remo de la paleta ancha denominado pagaya y el empleo de un ancla de madera y piedras llamado sacrlo lo que aparentemente confirmaría los viajes de grupos polinésicos a las costas de Chile y especialmente a Chiloé. La presencia del pueblo Chono es la base de la gran tradición marítima de los chilotes. Su organización social consistía en bandas muy pequeñas que sólo se mantenían permanentemente unidas a nivel familiar. Las mujeres también participaban en actividades económicas básicas mariscando en las playas, también contribuían a la crianza de perros de los cuales aprovechaban el pelaje y tejían paños de tosca textura.
Cuando los Chonos no estaban navegando vivían en armazones de cuero y madera en cavernas naturales. La alfarería, aparentemente, les fue desconocida; fabricaron lanzas, masas o garrotes, anzuelos de madera y redes de fibra vegetal

LOS KAWESKAR O ALACALUFES
En las islas y canales del sur, más australes que los Chonos, desde la península de Taitao hasta la Tierra de Fuego vivieron los Alacalufes (Kaweshkar=hombre); muy cercano a los Chonos. Conservaron hasta muy poco tiempo atrás, su cultura primitiva casi intacta en un medio geográfico de aguas turbulentas, lluvias intensas y fuertes vientos, así como de islas también densamente boscosas que parecían impenetrables. Se estima que en la actualidad aún quedan sobrevivientes mestizos de este pueblo, siempre dedicados a la búsqueda de alimentos de costas y mar a bordo de canoas y botes posteriormente copiados o comprados a los chilenos blancos. Antes de la llegada de los españoles se calcula un número aproximado a 2500 individuos; consumían moluscos, peces, lobos marinos, aves, plantas silvestres y semillas.

Kaweskar cazando un huemul
Mujer Kaweskar
Kaweskar modernos

Ellos se denominaban kaweshkar, que quiere decir “hombre”, un gentilicio que los identificaba como miembros del grupo que navegaba en aquellos sectores. Los kaweshkar eran nómades del mar. Permanentemente navegaban entre canales y fiordos, serpenteando las islas, que en la práctica eran inhabitables por su abundante vegetación, que dificultaba su acceso.
Construían sus embarcaciones con cortezas de árboles, que luego amarraban a una estructura de palos, convirtiéndose en su hogar en el mar, siendo lo suficientemente amplias como para trasladar a una familia nuclear conformada por el marido, una o dos esposas, un par de hijos y un perro doméstico.
La canoa era un espacio femenino. Aunque en su construcción colaboraban hombres, era la mujer quien se preocupaba de remar. Los hijos eran los encargados de mantener la fogata encendida, la cual se posaba sobre una capa de musgos y ardía en uno de los extremos de la embarcación, protegida por un toldo de cuero. El fuego les permitía calentar sus alimentos (la mayoría de ellos obtenidos del mar), abrir los moluscos, servir como fuente de calor y como señal para evitar que dos canoas chocaran.
Al amanecer, la mujer remaba hacia los roqueríos, donde dejaba a su esposo e hijos varones pescando y cazando todo el día. Mientras tanto, ella dirigía la canoa hacia aguas bajas, donde buceaba o mariscaba con un canasto colgado del cuello, para extraer langostas y erizos. Esta tarea era exclusivamente femenina, ya que a pesar de su cercanía al mar, los hombres no sabían nadar, y si la embarcación llegaba a volcar, ellos morían ahogados. Antes del anochecer, la mujer remaba nuevamente hacia donde estaban su marido y sus hijos, para recogerlos, comer y pasar la noche en la canoa.
Para protegerse del frío, también cubrían sus cuerpos con grasa de lobo marino, lo que explica por qué prácticamente no utilizaban ropa.
Si bien los alacalufes eran nómades, había ocasiones en que permanecían por varios días en tierra firme. Para ello, construían chozas en forma de colmena, con armazón de ramas recubierta de pasto y cueros. Esto ocurría cuando se producía la varazón de alguna ballena, lo que les proporcionaba abundante alimento, siendo además la ocasión para la reunión de familias que pasaban gran parte del año sin verse. Allí se concertaban rápidamente los matrimonios, pues los jóvenes no sabían cuándo volverían a encontrarse.
Cuando alguien enfermaba o una mujer estaba próxima al parto, levantaban una choza en una isla y permanecían en ese lugar el tiempo que fuese necesario. Si el enfermo llegaba a morir, dejaban esa vivienda armada y colocaban un trozo de cuero negro que flameaba e indicaba que allí vivían los malos espíritus.



LOS YÁMANAS O YÁGANES
Los Yaganes constituían indudablemente el pueblo más austral del continente habitando la región sur de la Tierra del Fuego e incluso al sur del Canal Beagle . Se han encontrado restos arqueológicos en la Isla de los Estados y se especula que han navegado hasta las lejanas islas Diego Ramírez. La ocupación en el Beagle data desde el 4.000 A. de C. aproximadamente. Prácticamente no conocían la cerámica ni la agricultura.
Siguiendo al historiador magallánico Mateo Martinic Beros, y coincidente con el testimonio de Rosa Yagán, dada la amplitud del territorio ocupado por este pueblo, se distinguieron cinco parcialidades Yagán, distribuidos cardinalmente.
· Wakimaala, ubicado en Canal Beagle desde Yendegaia hasta Puerto Róbalo, incluyendo Isla Ambarino, el Canal Murria e Isla Hoste.
· Utamaala, al este de Puerto Williams y la Isla Gable hasta las islas Picton, Nueva y Lenox.
· Inalumaala, en el Canal Beagle, desde la punta Divide hasta el Brecknock
· Yeskumaala, ubicado en el archipiélago del Cabo de Hornos.
· Ilalumaala, desde Bahía Cook, hasta el falso Cabo de Hornos.
En su propio idioma Yamana quiere decir Ser Humano y se trataba de un pueblo nómada que aprovechaba los ecosistemas más favorables. Se dedicaban a la cacería de lobos marinos, especies terrestres como el zorro y el huanaco y participaban también en la recolección de vegetales y moluscos. Se les consideraba hábiles pescadores, diestros con el arpón e incluso hábiles buceadores; a pesar del extremo frío de las aguas del estrecho, las mujeres Yamanas se zambullían desnudas para obtener moluscos. Se les reconoce grandes méritos como tejedores de fibras vegetales, con las que confeccionaban collares y cestas, también elaboraban collares de hueso, valiéndose del cuero de lobos marinos fabricaron balsas y con la corteza y madera de los árboles hicieron canoas y también recipientes para el agua.

Modelo de canoa para navegar en los mares del sur
Canastos hechos de juncos magallánicos
Familia Yámana
Lakupa le kipa (la última mujer yagán)
Uno de los aspectos por los que más llamaron la atención era que prácticamente vivían desnudos, algunos usaban un cubresexo y en ocasiones portaban un cuero de lobo marino puesto sobre el cuerpo cubriendo el lado de donde provenía el viento. Se desplazaban en forma bastante continua con su canoa de un punto a otro trasladando a toda la familia, perro, utensilios, armas, algo de comida e incluso el fuego en el centro de la canoa. Este era cuidado en extremo dado que no era seguro poder prender nuevamente un fuego en el nuevo emplazamiento de su choza si encontraban la madera mojada. Algunos autores sostienen que llevaban el fuego para calentarse mientras navegaban y para comer algún bocado; muestra a las claras que los que escribieron eso poco conocen de náutica.
La frágil y simple canoa para los ojos de un desentendido en la materia puede semejar a un canasto lleno de ramas o pensar que se trataba de un armazón revestido con corteza. No hay nada más lejano a la realidad. Si bien es cierto que la corteza es frágil, el tratamiento por ellos dado la compara al mejor terciado marino brindado por la naturaleza. Su calafateo con algas, musgos, arcilla e inclusive grasa, hace que las costuras sean prácticamente impermeables. La barba de ballena y el cuero de lobo marino en tientos solucionaban sus problemas de costura y las trenzas de juncos reemplazaban a los cabos, tanto para fondear como para amarrar cerca de la costa sobre las algas.
Su remo en forma de espadilla es perfecto para remar sobre los grandes bancos de algas (cachi yuyos) que rodean la costa o estén en los bajo fondos. En sí las pruebas realizadas demostraron que la navegación sobre estas algas era perfecta, deslizándose la canoa sobre aguas tranquilas y dándole al remo un mayor empuje sin que se enganche dada su forma. Con viento a un largo soplo, de popa o de través, se necesitaba remar de un lado con remadas muy espaciadas dejando la espadilla como timón. Esto produce una navegación serena con altas posibilidades de acercarse a presas en el agua.
En cuanto a su forma de vida, era común que se casasen jóvenes y en ese momento de adquirir la independencia construían su primer canoa, ayudados por el resto del grupo familiar, del tamaño de sus necesidades. A medida que la familia se engrosaba, sea por hijos o por una segunda esposa la canoa se construía de mayor tamaño. En cuanto a la vida familiar era normal la bigamia e inclusive la poligamia. Muchas veces se trataba de una parienta viuda o la hermana de la esposa o una mujer mayor la que prestaba sabios consejos.
Con hábitos nómades solían reunirse dos o tres familias y en ciertas ocasiones, como el varamiento de una ballena, varias mas pero esto era solo circunstancial. Las casas de ramas y palos se construían rápidamente y tomaban una forma cónica o abovedado. Tapaban las mayores entradas de viento con cueros y trozos de corteza. Al cabo de unos días, cuando la montaña de deshechos era grande, la abandonaban. La naturaleza se encargaba de degradar los restos de alimentos, y la choza estaba apta para una nueva ocupación. Estos sitios fueron llamados concheros dado que desde la puerta de las chozas o debajo de los voladizos de los acantilados se acumulaban un gran número de cáscaras de cholgas y mejillones que consumían como dieta complementaria. Fue debido a estas altas concentraciones de valvas que en un primer momento se pensó que solamente consumían mariscos.
Los Yamanas contaban con "shamanes" (médicos-hechiceros) con dotes sobrenaturales. Podían controlar el clima, hablar con los espíritus, curar, matar, conseguir comida, en definitiva el control del bien y del mal en la eterna dualidad de los "shamanes"; eran buenos y malos según el momento. Se alcanzaba ese grado según la edad y el prestigio era muy importante.
Tenían distintas ceremonias siendo las principales la del "shiehaus", que debían pasar los adolescentes de ambos sexos para ser adultos, y el "kina" reservado a los varones, donde luego recién eran considerados hombres. Los cantos eran monótonos y las danzas también.
Se adornaban con collares y usaban pintura roja, blanca y negra, según las ocasiones. Todos estos puntos tenían importantes significados simbólicos.
Cuando alguien moría era enterrado o quemado e inmediatamente se abandonaba el lugar y no se lo volvía a nombrar. No han sido comprobados casos de antropofagia pero si se sabe que el zorro no era consumido por ser un devorador de carroña, inclusive desenterraba a los muertos.
Las peleas con otros grupos dialectales existían y funcionaba la venganza si algún miembro de la familia era herido o muerto por extraños; ésta podía estar pendiente por mucho tiempo hasta que se lograba cumplir.

IV) NÓMADES DE LA CORDILLERA

CHIQUILLANES
Pueblo ubicado en el sector cordillerano aproximadamente desde la latitud de Santiago a Chillán. En su dieta alimenticia prevaleció la carne de guanaco,y posteriormente al relacionarse con los españoles, utilizaron y se beneficiaron del caballo. Según el Abate Molina “...merodeaban por la cordillera, buscando raíces silvestres y cazando guanacos...vivían semidesnudos, escasamente cubiertos de una piel y adornados con pinturas faciales...”



PEHUENCHES
Su nombre quiere decir hombre del Pehuén (o del Piñon, fruto de la Araucaria); habitaban la región cordillerana entre Chillan y Valdivia, cruzando constantemente de uno a otro lado de Los Andes, ubicándose preferentemente en las zonas boscosas. La agricultura practicada por los Pehuenches no era significativa y se reforzaba con una notable capacidad recolectora, especialmente de Piñónes, con lo que fabricaban una harina que podía ser guardada por meses. Se les describe como hábiles y vigorosos cazadores y su arma preferida eran las Boleadoras, confeccionadas con tripas y cuero de animal rellenas con piedras; la arrojaban muy diestramente sobre el adversario, atrapando guanacos o para derribar en combate, incluso un caballo. Frecuentemente se dedicaban al saqueo y pillaje de poblados vecinos, lo que se vio incrementado cuando lograron domesticar caballos.


PÚELCHES
Vivieron al sur de los Pehuenches, en los valles cordilleranos de Valdivia. Su nombre quiere decir Hombres del Este, y se les describe como de menor estatura que los mapuches. Se agrupaban en pequeñas bandas nómadas y casi no practicaron la agricultura. Se trataban de pueblos cazadores recolectores que en su desplazamiento llegaban, incluso, al lado argentino (zonas del Río Negro y Neuquén). Empleaban arcos y flechas, lanzas, hondas, lazos y probablemente boleadoras. Vivían en pequeños toldos de madera cubiertos con cuero de animal y se sabe que los entierros se realizaban depositando, junto al difunto, sus posesiones personales al interior de pequeñas cuevas construidas para ese fin

POYAS
Se ubicaron por el sector cordillerano desde los faldeos del Volcán Osorno a las fuentes del Río Puelo, incluso llegaban a ampliar sus correrías hasta la costa del Oceáno Pacífico. Se alimentaban fundamentalmente de frutos, raíces y carne de guanaco. Su organización social se basaba en la familia y practicaban la poligamia y poliandria (una mujer se casaba con varios hombres)


V) NOMADES DE LA PATAGONIA

SELKNAM U ONAS
Esta cultura, de vida nómada, vivió en el territorio insular de Tierra del Fuego. Se estima que hacia 1881, cuando se inicia la colonización moderna de la isla, había un total 4000 individuos, unos 2000 estaban en territorio chileno.
Los Onas constituían un pueblo de cazadores recolectores pedestres de características físicas similares a los tehuelches. Vivían en pequeños grupos, formados por unas pocas familias, las que en conjunto sumaban más de veinticinco o treinta personas.
El concepto de territorialidad de los onas era extraordinariamente fuerte. Los individuos de un territorio o haruwen podían disponer libremente y de un modo racional de los recursos que existían en su interior, sin provocar su sobreexplotación y deterioro.
Los onas estaban constituidos por dos grupos: los selknam que habitaban el sector norte y central de la isla de Tierra del Fuego y los Haush, localizados en el extremo sureste.

Familia Selknam
Selk'nam llevados a Paris, para la
exposición de 1889 l
El rumano Poopper y sus peones soldados (austriacos o yugoeslavos) autofotografiados en una de sus correrías de indios
Cazadores Onas
Mátan, espíritu del Klóketen Selk’nam, hacia 1920. Hain

Su economía de subsistencia estuvo basada en la caza terrestre, recolección de frutos silvestres, como la murtilla y el calafate y algunos productos marinos. La actividad de la caza, fue sin duda la base más importante en la alimentación, siendo el guanaco la presa más importante, tanto por su carne como por su piel, que constituía la vestimenta base. Fueron muy hábiles en el uso del arco y flecha, arma principal con que contaban. Hacia el sector norte de la isla la presa más importante en la caza, la constituyó un pequeño roedor llamado coruro, muy abundante en el área.
La abundancia de aves, como caiquenes, patos silvestres, cisnes y flamencos, también fue de interés para su alimentación, tanto en la recolección de sus huevos como por su carne. Complementaban su dieta con algunos alimentos del litoral marino, para lo cual aprovechaban el periodo de baja mar para recolectar moluscos (choritos, lapas, almejas y caracoles).
Estaban organizados en "clanes" patrilineales de 40 a 120 miembros con jurisdicción sobre un territorio de caza. Los hombres tomaban esposas de otros clanes. La vida nómada de los onas se parece más a la de los cazadores de la Patagonia y de la Pampa que a sus vecinos del archipiélago chileno salvo por sus ceremonias sociales y religiosas.
Cuando se desplazaban, se hacían acompañar de perros domésticos. Las mujeres trasladaban las pertenencias, como canastos de fibras vegetales y recipientes de corteza de árbol, y los hombres llevaban armas para cazar o defenderse. Para la caza utilizaban arcos de grandes dimensiones y lanzas, transportando las flechas en un carcaj (caja portátil) colgado a la espalda.
La vivienda consistía en un toldo de trozos de piel cosidos, quedando un refugio muy abierto pero protegido al viento.
La vestimenta era una capa confeccionada con pieles de guanaco, que les cubría desde el cuello a la rodilla. La mujer agregaba un delantal también de piel que le cubría el vientre hasta la rodilla. La pintura corporal representó una costumbre que tuvo por finalidad proteger la piel del clima frío, por cuanto la gruesa capa de arcilla contenía también grasa animal. Generalmente usaban los colores rojo, blanco y negro. Mediante los diferentes símbolos que se pintaban, exteriorizaban su estado de ánimo.
Creían en un ser supremo que castigaba la maldad. Temáukel era la denominación de una gran entidad preternatural que consideraban mantenía ordenado al mundo, aunque la deidad creadora era llamada K'aux , se le imaginaba como un anciano humano que había logrado liberar a los shelk'nam de la tiranía de una mujer primordial llamada Táiyin Pero había un tercer dios supremo, el que velaba por el orden y las buenas actitudes de los miembros de cada tribu, y el que inculcaba todas y cada una de las leyes a los selknam: Quenós.
Creían también, que existía un mundo después de la vida ubicado más allá del horizonte. Los selknam tenían la creencia que después de la muerte se les llevaba a un juicio celestial en presencia de todos los dioses. Si ellos no deseaban que el difunto ingresara a su reino y gozara de vida eterna (ya sea por mala conducta o por faltar alguna ley), debía castigársele llevándolo a los infiernos, donde la diosa de los infiernos, el caos y las malas actitudes, Jalpen, lo esperaba para hacerle sentir sufrimiento y dolor por la eternidad. Los selknam creían además que la diosa Jalpen recurría a sus dioses guerreros, los Soortes, para llevar a cabo sus planes de caos y destrucción.
Sus rituales estaban llenos de misticismo, utilizando sombreros cónicos y pintándose el desnudo cuerpo. Los selknam celebraban ritos de iniciación masculina durante los cuales los ancianos revelaban los secretos tribales a los jóvenes ó klóketen, tal rito iniciático era llamado hain realizado al producirse la pubertad daba a los jóvenes la categoría de adultos, si a muchos observadores externos les puede llamar la atención el "body-art" -los cuerpos eran pintados, sorprendieron aún más a los testigos presenciales por las durísimas pruebas -en especial de resistencia física- a que eran sometidos los iniciandos. Las mujeres estaban excluidas. Los ritos se basaban en un mito que narraba cómo los hombres habían derribado una organización previa dominada por las mujeres.
Se caracterizaban por tener una rica vida espiritual, con cuatro a cinco tipos de chamanes; había uno experto en canto para atraer las ballenas, otro para curar ciertas dolencias, porque ellos no sufrían enfermedades propiamente tales. En la ceremonia del “culto al Hain”, los chamanes poseían una especial habilidad para entrar en trance y de esa forma capturaban las fuerzas vitales del universo.
El impacto de la colonización moderna iniciada a fines del siglo pasado, producto de la explotación del oro en los ríos y el desarrollo masivo de la actividad ganadera en la Isla de Tierra del Fuego, ocasionó la rápida extinción de la etnia. Matanzas, deportaciones masivas practicadas por el hombre blanco, junto a enfermedades infecto-contagiosas introducidas, terminaron por romper el equilibrio natural de estos grupos. El uso de vesturario occidental, inadecuado para la lluvia y para las costumbres higiénicas de ellos, puso punto final a la sobrevivencia de este pueblo.
Para 1966 quedaban aún 13 indígenas de origen sélknam, la mayoría de ellos mestizos, en el sector argentino de la isla. En mayo de 1974, moriría en la ciudad de Río Grande, Angela Loij, la última india selknam pura, quien antes de morir trabajó intensamente con la antropóloga francesa Anne Chapman en la reconstitución de la historia y cultura de su pueblo en un trabajo de gran valor antropológico e histórico.
La lengua ona o selknam fue una lengua amerindia, andina, meridional que se hablaba en la Patagonia. También se la clasifica dentro del tronco macro-panoano, Familia Mosetén-Chonán - Grupo Chonán. Era la rama más austral del tehuelche y se habló en Tierra del Fuego, y en la Patagonia de Argentina y Chile.
Unas palabras selk'nam :

Sol : Kré / kran Luna : Kréen / krä Noche : Kauk'n Día : Kerren Hombre : C'ón / Chohn Mujer : Naa / Nah
Uno : Sós Dos : Sôki Tres : Sauki Cuatro : Koni-sôki Cinco : Kismarey


AÓNIKENk O TEHUELCHES
Habitaban en la Patagonia, al norte del Estrecho de Magallanes.
Se caracterizaban por ser un pueblo nómade terrestre, no se dedicaron a la navegación. Los tehuelche fueron llamados por los españoles "Patagones", porque dejaban enormes huellas de sus pies en la arena de las playas, dado que envolvían estos con pieles de guanaco.
Eran de elevada estatura - 1,75 m. promedio para el hombre y 1.70 para las mujeres-, se dedicaban a la caza del guanaco y ñandúes, recolectaban todo tipo de raíces y semillas silvestres. Cada linaje contaba con su jefe y territorio.
Socialmente se organizaban en tribus, conformadas por varias familias emparentadas entre sí. El cacique ,cuyo cargo era hereditario, era el encargado de guiar y organizar las cacerías y frecuentes traslados del campamento. Éste no era un líder político, su acción se concentraba más bien en la organización de ciertas actividades prácticas en cada agrupación.
Sus viviendas no eran permanentes, tratándose de armazones de madera y toldos de cuero, que se levantaban y volvían a instalar según la necesidad.
Por lo general, practicaban la monogamia y desarrollaban una importante vida familiar. Los tehuelches tenían instituida la esclavitud .El esclavo era puesto a las órdenes de la mujer principal, quien le indicaba sus obligaciones domésticas. La autoridad paterna era dócilmente aceptada por los hijos, como así también por los yernos. El matrimonio se llevaba a cabo mediante la compra de la mujer, después de obtenido su consentimiento. Era costumbre entre los hombres mantenerse solteros hasta los veinte años, por una cuestión económica.
Eran solidarios, sin grandes ambiciones, acudían a la ayuda del más necesitado, inclusive a los primeros colonos españoles. Los padres se destacaban por el cariño a sus hijos, a su vez le inculcaban la práctica de equitación, lanzamiento de flechas y boleadoras.
Vestían con pieles y cueros de animal para resistir el frío. Utilizaban también este elemento para cubrirse los pies, confeccionaban una especie de botines con una capa de pasto seco, y los ataban a sus pies con tiras de cuero y fibras vegetales. Con cueros también llegaron a fabricar recipientes para el agua y para guardar objetos
Tenían creencias religiosas sencillas, en su mundo actuaban espíritus buenos causantes de alegrías y espíritus malos que provocaban daños y enfermedades. Su religión era similar a la magia, su dios supremo era Elal, a quien se le atribuía la creación de los animales y del indio, además creían en varios espíritus malignos, uno de los cuales era Gualicho, al cual le ofrecían animales sacrificados, dicha ceremonia era realizada por un hechicero. Sepultaban a los difuntos acompañándolos de sus pertenencias, en tumbas excavadas en el suelo o en cuevas que cubrían con piedras.
Sus armas principales fueron la lanza, el arco y la flecha y las boleadoras. Algunos investigadores opinan que también poseían una alfarería sencilla y rústica.
La instalación por el gobierno chileno del Fuerte Bulnes en 1843 y de Punta Arenas en 1848, ambas a la orilla del Estrecho de Magallanes, fueron hitos que marcaron el inicio del proceso colonizador del territorio tehuelche. Desde el principio, los indígenas se acercaron en actitud amistosa a estos asentamientos, estableciendo con los recién llegados, relaciones pacíficas basadas en el intercambio de sus bienes (pieles, plumas, carne de guanaco) por productos traídos por los afuerinos (yerba mate, azúcar, tabaco, alcohol, etc.).
El interés de las autoridades chilenas en ganar la confianza de los indígenas, tenía por objeto establecer a través de ellos la soberanía nacional en las tierras patagónicas, disputadas en aquel tiempo con Argentina.
El fuerte aumento poblacional experimentado a contar de la década del siglo pasado en Punta Arenas, el auge económico, la proliferación de la industria maderera y aurífera, la caza de mamíferos marinos, el comercio y la delimitación de las jurisdicciones territoriales entre Chile y Argentina en virtud del tratado de 1881, entre otras causas, vendrían a poner fin a la importancia que para las autoridades chilenas tuviera en un comienzo la relación con los tehuelches.
Un contagio de viruela se apoderó del pueblo tehuelche, reduciéndose significativamente la población aborigen de la Patagonia chilena y argentina. Con el abandono de los sobrevivientes y la huida de estos hacia territorio argentino, en poco más de medio siglo de relación con el hombre blanco, este pueblo habría prácticamente desaparecido.
Los tehuelches fueron vistos por última vez en territorio chileno alrededor de 1927. Los indígenas provenían de Killik – Aike, localidad ubicada al norte de Río Gallegos, Argentina, y se desplazaban esporádicamente a la Patagonia chilena para cazar guanacos. Desde entonces nunca han regresado.

Mujeres Tehuelches
Toldería Tehuelche
Hombres Tehuelches

Joven Tehuelche
Patagón dibujado por un europeo
Tehuelche



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